A pesar de que el 1440p y el 4K ganan popularidad, el 1080p sigue siendo la resolución más usada por los gamers de todo el mundo. Es la resolución ideal para monitores de 144Hz y 240Hz, donde los FPS importan más que la resolución.
A 1080p, la CPU tiene mucho más peso en el rendimiento que a resoluciones superiores. Esto significa que necesitas una CPU potente para no limitar tu GPU y aprovechar al máximo tus FPS.
16GB DDR4 a 3200MHz es el mínimo para gaming a 1080p en 2026. Con menos RAM notarás stutters y bajadas de FPS en juegos modernos. Si puedes, 32GB es la opción más cómoda para el futuro.
No todos los juegos reaccionan igual a un cuello de botella de CPU. Hay dos grupos claramente diferenciados:
Juegos con mundo abierto y muchos NPCs o físicas (simuladores de ciudad, estrategia, mundo abierto con tráfico denso) son los más sensibles a la CPU, porque necesitan calcular muchas cosas cada fotograma además de renderizar gráficos. Aquí una CPU floja se nota incluso con una GPU modesta.
Shooters competitivos a frame rate muy alto (Valorant, CS2, Fortnite en modo competitivo) también dependen mucho de la CPU, no porque el juego sea complejo gráficamente, sino porque para llegar a 240 o 360 FPS la CPU tiene que preparar fotogramas muchísimas veces por segundo, más rápido de lo que la mayoría de procesadores pueden sostener.
En el otro extremo, los juegos con gráficos muy exigentes pero mundos relativamente estáticos (shooters de un solo jugador muy detallados, por ejemplo) dependen más de la GPU, y ahí una CPU de gama media suele ser suficiente incluso a 1080p.
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